Escribió · Picante
“Tengo 29 años, sigo viviendo con mis padres y este año empecé cuatro proyectos personales sin terminar ninguno.”
El roast de Burnard
A los 29 años, estar en casa de tus padres ya no es una fase de transición: es tu hábitat natural. Estás a doce meses de cambiar de década y tu mayor proeza de independencia sigue siendo no hacer ruido al abrir la nevera a las dos de la mañana para no despertar a tus patrocinadores oficiales.
Lo de los cuatro proyectos inacabados no es espíritu emprendedor, es simplemente procrastinación con delirios de grandeza. No inicias cosas por vocación, las inicias para tener algo que responder cuando tus tíos te preguntan qué haces con tu vida. Compras el dominio web, diseñas un logo cutre en Canva, te sientes un genio durante setenta y dos horas y abandonas el barco en cuanto el proyecto requiere algo más que entusiasmo infantil y la ropa limpia que te deja tu madre en la cama.
No tienes miedo al fracaso, lo que tienes es una adicción patética a la comodidad de estar siempre a punto de empezar.